“Antes que el diablo sepa que estás muerto” de Sidney Lumet

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Ya de por sí un título monumental. El mismo que se hace de tal forma, aún más cuando al enfrentarnos al film leemos “Puedes estar media hora en el cielo…” antes del mismo. Además, una de las pocas películas que no ha visto su título original sometido por el pensamiento de “atraedores de público” y al cual conocemos en una traducción fiel. Tal vez, uno de los pocos que competiría (aunque sin ganar y exclusivamente en lo que al título refiere) con La Insoportable Levededad del Ser.
Paradojicamente, estamos ante un film que habla de esta insoportable levedad. Y dejenme decirles que escribo sobre ésta película emocionado, pues, me he encontrado con lo que, estoy seguro, es uno de los grandes visionados que yo he tenido la oportunidad de hacer este año.
Pero antes de eso, digamos que estamos ante una película que parte de una historia familiar. Ethan Hawke y Philip Seymour Hoffman son hermanos. El primero debe varias rentas de su alquiler y se ve en apuros ecónomicos gracias a la pensión que tiene que pagar por el divorcio y por la buena escuela a la cual ha decidido enviar a su hija (buena, pero cara). Su personaje tiene un cargo no muy alto en una empresa. Empresa donde su hermano también trabaja. Eso sí, el tiene un cargo más elevado y de más responsabilidad, pese a a lo cual su vida no sea color de rosa. A este respecto habría que hacer un paréntesis mencionando que estamos ante uno de los comienzos de película más impresionantes (que al menos yo) he visto. Pues, en el mismo nos encontramos a este personaje teniendo relaciones con su esposa, mientras se mira en el espejo y hablan de algún lugar en el mundo a donde ir (jeje, acabo de pensar, justamente en El Séptimo Continente” de Haneke), que es, en este caso Brasil.
Su esposa estará representada por una Marisa Tomei que, dejenme decirles, no solo está hermosa (al menos en términos físicos) sino que logra una actuación muy buena. ¡Pero bueno! ¡Que sobre esto hablare después! Jeje.
En fin. El hecho es que cada uno de los hermanos estará en necesidad de dinero. Siendo así la situación, el “hermano exitoso” se reunirá con el otro para hacerle una propuesta.
A pesar de la sórdidez que implica enterarnos de que este propone robar la joyería de sus propios padres, apreciamos la inteligencia de la idea debido a que: No habrán armas, no habrán heridos y los dueños de la joyería, gracias al seguro, no perderán dinero.
Pero, como pasa muchas veces, no todo saldrá como lo planeado

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Creo que con decir esto, respecto a lo argumental basta. Ahora, podemos decir que estamos ante una película de prolija y sobria realización. Muy realista se sitúa en una ciudad de Estados Unidos, pero que, teniendo en cuenta las vidas y situaciones de nuestros personajes, podrían ser muchas otras (ciudades).
No nos encontraremos con una película de ningún tipo de virtusismo o regodeo visual y, a mí entender, esto le suma mucho al film.
Tendremos a su vez, unas actuaciones que resultan meramente impresionantes. Cargando Hoffman con el mayor peso de la película y una interpretación que, de tan buena, resulta/ría difícilmente cuantificable. Hawke no se queda atrás (¡cuando lo vemos gritar en el auto!) ni Tomei, ni Albert Finney, que hará de padre de los dos muchachos.
En fin, que sólo por las actuaciones esta es una película muy destacable y que habría que tener a mano (en el pensamiento).

Pero hay más. Tenemos también, como ya decía, unas puestas en escena relativamente sobrias y realistas, pero que, cada una, logra dar con el punto. A mi entender de tal forma que “el mundo que vemos allí” se acerca muchísimo al nuestro. Y, cuando digo esto pienso en el lugar donde se consume heroína (supongo que va primero porque es el que más me ha llamado la atención), en las “cubiculadas” oficinas, en el despacho (y la casa) del “hermano exitoso”, en la joyería (no encuentro otra forma de decirlo: ¡Muy Shopping!), en el departamente donde vive Hawke, etc.
También tendremos a la música (a cargo de Carter Burwell) que, al menos en mi visión particular, no noté en demasía. Esto es un buen indicador, si lo/la pensamos en relación a su “amalgamación” con la totalidad de la obra.
Por otro lado, ya más llamativo, tendremos al montaje (a cargo de Tom Swartwout), que “va y vuelve” usando un efecto que es parecido a aquello que se usaba en “Easy Rider.
Junto a este recurso narrativo (pues ya entramos en el terreno de los mismos) tendremos el/los de la fotografía. Fotografía (a cargo de Ron Fortunato) que logra ser, también, muy sobria y muy realista (los planos generales de las calles me hicieron acordar mucho a los de Blindness… ¿Se habrá “tocado” la imagen de igual forma?) pero que por momentos (sólo por momentos) sube su exposición. ¿Qué significado tendrán estas subidas (momentos en los que todo se ve mucho más iluminado)? Se los dejo a ustedes…
Así también podríamos mencionar a los movimientos de cámara (una bajada a tierra que veremos dos veces, justamente en un momento donde “todo baja”) y los zooms (que junto al montaje y al recurso mencionado de la película de 1969 nos llevan a “otras partes”).

Pero esta película es muy llamativa en lo que respecta a suestructura”. Y a la hora de pensar en este elemento se ha de pensar necesariamente en un guión (firmado por Kelly Masterson) que, “tal vez no tan original” en principio tiene una consistencia y una historia ante las cuales habría que sacarse el sombrero. Es cierto que la estructura es parecida a la de “Atraco Perfecto” de Kubrick (donde también se comparte la premisa argumental sobre un atraco que sale mal). También es cierto que a ésta altura ya hemos visto a Tarantino (especialmente Jackie Brown), a los Coen (especialmente Fargo), y hasta Amores Perros.
En ese sentido podríamos decir: “Ufa! No es muy original.” Pero tal afirmación (si bien cierta) a la hora del visionado sería bastante más “intelectual” que emocional. Pues a la hora de verla la seguimos con unas pupilas muy abiertas (o ese ha sido mi caso, al menos).

¿Por qué? Yo creo que porque cuenta una historia muy humana, de sentimientos y actitudes que todos en el día a día podemos ver. Una historia que a su vez resulta de una violencia (y contiene una crueldad) que nos podrán helar la sangre. Que aborda hechos “impresionantes” y “poco habituales” con lo que se me ocurre se podría llamar una “verosimilitud psicólogica sin parangón. Tal vez sea allí donde encontremos el punto que nos distancia tanto del cine de los Coen como del de Tarantino. A su vez, es posible que sea allí donde encontremos eso que realmente puede hacer que “se nos hiele la sangre”.
Y creo que a pesar de todos sus diferentes elementos ésta película se destaca y vale por ser una historia muy humana. Pero no me quiero quedar solo con ese adjetivo (¡si hasta alguien habrá dicho tal cosa de Cinema Paradiso!), sino que aborda las relaciones familiares de una forma tan especial (en este sentido me ha hecho pensar en Cronenberg; aunque en él [si bien no llega al nivel de los Coen o Tarantino] hay un estilo propio y un interés por contar que, tal vez podría reforzar “su planteo” en detrimento de ésta “verosimilitud psicólogica”; y lo digo pensando, por ejemplo en Una Historia Violenta [donde también se tocan temas referidos a ser el hermano más chico y/o más grande] y en Promesas del Este).
En fin, yo sé que puede sonar muy grande y sé que esta vez estoy “teniendo especialmente” miedo de “ser poco objetivo”. Esto último, simplemente porque la película me ha gustado mucho, me ha llegado y me ha hecho (y me hará) pensar mucho. El director de 12 Angry Men lo ha logrado nuevamente, y con ochenta años y una filmografía con altibajos va a hacer que yo mire todo lo que ha hecho.
Pero en fin, que desde este rinconcito del mundo donde me encuentro (sea el que sea) les digo que para mí ésta es una Obra Maestra.

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