Fargo abre aclarando que estamos ante una historia real. Es raro el hecho de que los Coen aclaren que los hechos se muestran “tal como sucedieron” (cosa que es, de hecho, imposible; más aún en términos epistemológicos, lo que no se le puede “pasar” a alguien que sepa lo que es la Epistemología [y seguramente Ethan, licenciado en filosofía lo sabe]). ¿Cómo entender esto entonces? No lo sabemos aún, por ahora nos dejamos llevar por el blanco paisaje y la sobria presentación de una película que, podemos saber o no, es de los Hermanos Coen y ha sido una de sus películas más premiadas.
Posteriormente a “Blood Simple”, “Educando a Arizona”, “De Paseo Por la Muerte”, “Barton Fink” y "El Gran Salto” llega esta obra que pega un viraje en lo que la filmografía de los Coen representa. ¿En qué sentido? Estos hermanos se habían lanzado en la producción de un film “más internacional” y para un “público más amplio” ante el cual no existió la buena respuesta esperada.
Ya habían abordado el tema del Cine Negro en “Blood Simple” y “De paseo por la muerte”. Trataban el tema de la familia en “Educando a Arizona”, premiados con “Barton Fink” se pegaron un porrazo con “El Gran Salto”. Algunas constantes que serían la violencia (impresionante siempre en su cine, que brota de forma abrupta y aunque en situaciones jocosas siempre tiene un “algo de seriedad”, podría ser tal vez lo terrible que emana como un rayo, tratada de forma muy distinta a como Tarantino podría hacerlo [yo diría que en el cine de este otro la misma es “más cinematográfica”] y a pesar de que impresiona y mucho, no “emerge” de la misma forma) y ese “extraño sentido del humor” (que yo creo, va de mano con la violencia) se mantienen aquí.
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Pero hay algo que cambia. ¿Qué es? De alguna forma, siempre que nos paramos ante alguna de sus películas, nos sabíamos parados ante una ficción; ante los resultados tal vez maniqueos de dos cabecitas efervescentes. Aquí es justamente eso lo que cambia. No sabemos ante qué estamos parados (sentados más bien, a la hora de visionar la película) y esto tanto que atrae como desespera, nos podemos preguntar fácilmente si tales cosas pueden ocurrir. ¿Es acaso plausible todo esto? Antes teníamos una barrera frente a su cine, una barrera que nos permitía distanciarnos y que estaba constituida por su misma forma (volveremos a ella, y a las carcajadas en esa película que devino “de culto”, llamada “El Gran Lewobsky”).
Pero este no es el único cambio (o sí, depende… ya me explico). Puesto que estamos ante una película que en su realización, música y montaje cambia su forma. El virtuosismo técnico le deja más lugar a la “ficción de realidad” que nosotros construimos (más allá de que ésta sea o no ficcional). Y el tono, realmente calza. Creo que debe tocar ciertas fibras.
Ciertas fibras que están dadas por el tipo de personajes a los cuales nos enfrentamos. Creo yo que, con todos (o al menos la mayoría) nos podemos identificar. O mejor aún, podemos concebirlos como parte de un universo que es concebible como cercano. A su vez, será esto lo que permita tanto el desarrollo de los caracteres, como de la historia.
Historia por otro lado “tan lógica” y “tan loca”, “tan estúpida” como “plausible”. Historia que por otro lado nos atrapa, que seguimos (al menos yo, por momentos) sufriendo en abundancia, tanto ante lo gracioso como a lo terrible que se evidencia en el ser humano. Creo que el parlamento final de la policía, representada por la oscarizada (por ésta película) Francis McDormand (esposa de Joel Coen) nos hace estar inevitablemente de acuerdo, después de todo lo que hemos vivido.
A su vez, algo que ya era constante en su filmografía, deviene un elemento importantísimo en la realización. ¿A qué me refiero? A la perfectibilidad técnica. Roger Deakins en la fotografía es excelente, pero aún hay más, desde la música (que le debemos a un Cartel Burwell que ya viene trabajando con los hermanos) hasta los “paisajes” y “estares” de esa Minessota natal de los Coen. Por cierto, el nombre de la película se lo debemos a una localidad en Dakota del Norte.
A su vez, las actuaciones son inmejorables, yendo desde la ya nombrada policía (que hace de policía embarazada, que en su sencillez, permítanme la expresión, la tiene “clarísima”) hasta ese genial Steve Buscemi, el patético (pero como no comprenderlo, al menos hasta cierto punto) William H. Macy (y les recomiendo de él una película: “Edmond”) o el inmejorable y ominoso Peter Stormare.
Multipremiada y de la máxima calidad estamos ante una película “transgénero” que va desde el humor más negro hasta una de las investigaciones policíacas más “atípicas” de las vistas en cine; en una película que (en este sentido no estoy nada de acuerdo con muchos) reniega de los “estereotipos” y nos hace pensar en las consecuencias de nuestros actos, viéndonos como espectadores rotundamente y atípicamente cuestionados en tanto seres humanos.
Un film mayor que, con razón, ha sido considerado el mejor de los Hermanos Coen. Por mi parte ampliamente recomendado.
PD: La película NO se basa en hechos reales (al menos no de la forma en la que se nos dice).
Aquí pueden ver el trailer.
Pero este no es el único cambio (o sí, depende… ya me explico). Puesto que estamos ante una película que en su realización, música y montaje cambia su forma. El virtuosismo técnico le deja más lugar a la “ficción de realidad” que nosotros construimos (más allá de que ésta sea o no ficcional). Y el tono, realmente calza. Creo que debe tocar ciertas fibras.
Ciertas fibras que están dadas por el tipo de personajes a los cuales nos enfrentamos. Creo yo que, con todos (o al menos la mayoría) nos podemos identificar. O mejor aún, podemos concebirlos como parte de un universo que es concebible como cercano. A su vez, será esto lo que permita tanto el desarrollo de los caracteres, como de la historia.
Historia por otro lado “tan lógica” y “tan loca”, “tan estúpida” como “plausible”. Historia que por otro lado nos atrapa, que seguimos (al menos yo, por momentos) sufriendo en abundancia, tanto ante lo gracioso como a lo terrible que se evidencia en el ser humano. Creo que el parlamento final de la policía, representada por la oscarizada (por ésta película) Francis McDormand (esposa de Joel Coen) nos hace estar inevitablemente de acuerdo, después de todo lo que hemos vivido.
A su vez, algo que ya era constante en su filmografía, deviene un elemento importantísimo en la realización. ¿A qué me refiero? A la perfectibilidad técnica. Roger Deakins en la fotografía es excelente, pero aún hay más, desde la música (que le debemos a un Cartel Burwell que ya viene trabajando con los hermanos) hasta los “paisajes” y “estares” de esa Minessota natal de los Coen. Por cierto, el nombre de la película se lo debemos a una localidad en Dakota del Norte.
A su vez, las actuaciones son inmejorables, yendo desde la ya nombrada policía (que hace de policía embarazada, que en su sencillez, permítanme la expresión, la tiene “clarísima”) hasta ese genial Steve Buscemi, el patético (pero como no comprenderlo, al menos hasta cierto punto) William H. Macy (y les recomiendo de él una película: “Edmond”) o el inmejorable y ominoso Peter Stormare.
Multipremiada y de la máxima calidad estamos ante una película “transgénero” que va desde el humor más negro hasta una de las investigaciones policíacas más “atípicas” de las vistas en cine; en una película que (en este sentido no estoy nada de acuerdo con muchos) reniega de los “estereotipos” y nos hace pensar en las consecuencias de nuestros actos, viéndonos como espectadores rotundamente y atípicamente cuestionados en tanto seres humanos.
Un film mayor que, con razón, ha sido considerado el mejor de los Hermanos Coen. Por mi parte ampliamente recomendado.
PD: La película NO se basa en hechos reales (al menos no de la forma en la que se nos dice).
Aquí pueden ver el trailer.


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